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Siempre

2 Dic

Tocaba entrada alegre. Ayer ya tocaba, pero cosas de la vida, voy y me duermo a medio hacerla. Y hoy, cuando me disponía a terminarla, a finalizar la semana con el cachondeo padre de post, se me va la broma como deprisa. Y eso que creo que es ahora cuando con más motivos debería sonreír.

Y me pongo a pensar que somos frágiles seres, que aquí no te salva ni el dinero, ni la virtud, ni la fortaleza. Que en realidad, somos todos débiles, somos agua. En gran parte, estamos constituidos de ella. Y cuando se nos derrama esa parte, no nos queda mucho.

Y sigo pensando que los recuerdos, volátiles como la palabra, se quedan en nada y en mucho cuando las cosas cambian de un día para otro. Da igual que hayas sido una persona robusta, entera, llena de vida y despreocupación. Da igual que no hayas hecho nada malo, que hayas intentado hacerlo lo mejor posible y que se entreviera el final pero no el momento de llegar.

Y es ahí donde surge la entereza, la fuerza interior y las ganas de superación de cada uno. Que llorar no es un síntoma de debilidad, todo lo contrario; que el dolor te hace persona; que por muy fuerte que seas, por muy duro que llegues a ser y aguantes en ti mismo hasta la pena, derrumbarte por ver sufrir a los que más quieres es lo que te hace ser mejor que muchos. Es lo que hace que te quieran. Y es lo que hace que te odien.

En honor a, dedicaré un pequeño párrafo sobre la marcha, así ya no podréis decir que no os dejo nada escrito de mí, y así hago un pequeño homenaje:

No llegamos a conocernos demasiado nunca. No hacía falta que me lo dijeras, yo ya lo sabía. Pero también sabía y supe que dentro de ti, alborotabas de alegría todos tus sentidos al verme. Y que tu forma de ser era tan natural que creo haberla heredado.

Te recordaré como un gigante. De pequeño con solo mencionarte, ya lo hacía. Como uno de esos que salían en la tele. Fuerte, robusto, alto, temible. Luego no eras nada. Uno más, como todos. Te recordaré como un pasota. Corrijo: un despreocuapdo, un buen tipo. De los buenos, de esos a los que se les coge cariño, inexplicablemente. Querías infundar respeto, y conmigo lo conseguías. Año tras año se iban igualando las fuerzas. Ahora, mirando atrás, recuerdo con cariño todo eso.

Cuidate, viejales, allá donde estés. Sé que quieres que estemos bien, como estabas tú. No será fácil al principio, pero por ti, lo conseguiremos, ya me encargaré yo aunque les arrastre de las orejas. Aquí me haré yo el duro, me haré el alto y el robusto, e infudiré respeto, nunca miedo, cuando encuentre a alguno como yo, como hiciste tú. Y, como tú, seré algo más pasota (perdón, despreocupado) de lo que ya soy“.

Siempre.

Unas flores en tu honor.

 

PD: Las cosas normales no van conmigo, asi que te regalo esto por si lo ves algún día. Cuidate, que yo ya no podré hacerlo.