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Viejas costumbres

3 Ene

Primero de todo, felicitaros el año y bla bla bla. En segundo tiempo, pediros PERDÓN por haber incumplido mi palabra: os dije que iba a haber una actualización del blog el día 31 sobre mis descubrimientos musicales del año. He de decir a mi favor que problemas técnicos ajenos a mí (quedarse sin ordenador, por ejemplo) y elegir llevar un tipo de vida culinario (de culo aquí, de culo allí, de culo en general a lo que sea) no ayudaron.  Y luego, el parón obligado y un merecido y forzado descanso dieron al traste con mis intenciones, pero prometo hacer esa entrada aunque se pase un mes.

Pero a lo que voy: hoy voy a intentar hacer el más difícil todavía, lo nunca visto, el súmmum del placer visual y metafórico, el delicioso aroma que os lo vais a pasara teta. Hoy es el día en que voy a juntar algo que hace años que vengo haciendo en secreto y algo queya sabéis. Uniré dos conceptos antagónicos y complementarios, contradicciones tan grandes como las dos palabras que acabo de juntar.

Hoy es el día en que pego humor con moda. Espero que os partáis la caja, metafóricamente, que el año acaba de empezar y no es cuestión de romperse tan apresuradamente pronto.

<<Tengo que hablaros de esas fiestas tan maravillosas que a mi me ponen de tan…MAL humor. Las navidades. Ese conglomerado de tradiciones, que yo considero inhumanas, que se perpetúan en el prolongado espacio de dos semanas interminables hasta para los más pacientes, entre los que me incluyo. Es una prueba de fuego para saber si de verdad, de verdad, de verdad, tienes paciencia o es un farol que te estás tirando más grande que la extensión del mar.

Todo empieza con la alteración del día cotidiano: vacaciones. JA! Pa’ ti. Ahí es cuando realmente empiezan a molestarte, porque saben que no tienes nada que hacer, o eso creen ellos, y te piden favores a manta. Baja a por esto, ves aquí, ves allí, compra aquello, falta hacer eso…

Yo, hiperventilo,me retuerzo en mi desgracia, me cago en lo cagable, me estreso, pero eh! PACIENCIA. Que es la madre de todas las ciencias.

Y el día de navidad, si sigues vivo, llega la hora, como yo la denomino, “D“: DE los despistes, DE las peleas, DE las incidencias, DE las cosas no graciosas, DE las discusiones, DE las prisas. Compras de ultimísima hora, cosas que faltan cuando te das cuenta al sentarte en la mesa, familiares llenos de humor fácil y recurrente, botellitas de vino semivacías…Constantes navideñas de nochebuena. Y empieza el espectáculo: o comes o se lo comen y te quedas con una cara de circunstancia al estilo camerino de los hermanos Marx. Esa misma de haber estado ahí, pero dar la impresión de no haberte enterado ni de por donde te venían.

Luego, viene la parte más divertida, a mi parecer, que es la de contar las anécdotas más histriónicas y escuchadas posibles. Y claro, surge la típica historia que te mete a ti de por medio. Si, a ti, que no habías hecho nada salvo tratar de cenar te salpica el escándalo, a lo Gurtel. Tú, que sin comerlo ni beberlo te has encontrado en mitad de la selva repleta de criaturillas hambrientas de familiar sangre fresca  dispuestas en círculo y con las uñas sacadas esperando que entres al trapo. Y tú, persona curtida en mil batallas que no te ibas a soliviantar con nada, que juraste y perjuraste que no caerías en sus trampas, que te habías vestido hasta guapo para la ocasión con este modelito…caes.

Saltas al tema de la conversación sin protección alguna y sin pensar en las consecuencias que eso va a conllevar, a la vez que no te das cuenta del peligro que normalmente percibes cuando alguien coge marisco y lo está intentando destripar a tu lado. Y se oye el crack, y ves volar miles de gotas hacia tu indumentaria hasta que…¡Pof! sucia la camiseta que te habías puesto encima de la camisa por si acaso suceden cosas como esa. Menos mal…hasta que agachas la cabeza y lo ves: manchote en el pantalón tan molón que te habías puesto.

Y el día de después, comida familiar otra vez con mismos ingredientes que hicierone stallar el cocktail la noche anterior, solo que ya vas de perdidos al río. Todo te da igual, hasta comer sobras. ¿Aunque estén especialmente buenas y geniales, a quién narices se le ocurriría esa costumbre? Pero por fin, en un remanso de paz en tu habitación, ves el día terminar a las 5 de la tarde, porque no das más de ti y al día siguiente sigues en navidad.

Y durante esa semana,  rezas para que no te agobien con constantes preguntas como “¿Dónde cenas?” “¿Con quién cenas?” “¿Por qué cenas?” “¿No lo sabes aún?” Pues necesito saberlo ya para bla, bla bla…” Pero aunque Dios existe, desde luego está de vacaciones en un remoto recodo del planeta porque no te escucha las plegarias desesperadas. Y entonces te toca,  irremediablemente, aguantar el chaparrón y tener PACIENCIA.

Decides que por lo menos, y aunque la pregunta más temida sea “¿Tienes plan para Nochevieja?” debes buscarte algo de ropa. Mitad por necesidad, mitad por que sí, allí que vas a buscar looks. Las pajaritas se llevan y quieres una. Le da un toque de clase al asunto y todos irán con corbatas. Y ya que estás, no vas a ir de traje, porque es un rollo, pero algo especial para no ir con la ropa arreglada de siempre. Agobios y más estrés, pruebas de resistencia a tu límite, salarial y de lo otro.

 

Aunque la informalidad fomal está muy bien también. esa noche justo das la campanada, así de guay pero no. Vas haciendo este tipo de cábalas durante 5 días, hasta el mismísimo día de Nochevvieja y después de haber visto cosas increíbles que te encantaban, como éstas.

 

 

Y al final, por pereza, estrés o vete tú a saber, te vas sin comprar nada.Y esa noche, aunque no vayas a salir, acabas saliendo a tope. Empiezas con amigos la cena de tranqui, pero leugo te animas, y vas a ver que se cuece. Y terminas liado, en pubs y discotecas, haciendo cola de alguna conga sin saber por qué, acosstándote a las 8 después de desayunar churros si saber cómo has llegado hasta ahí, con dos copas en la mano ninguna de las cuales has pagado y un millón de golpes y moratones en el cuerpo propios de una pelea de bar, pero sin haberte pegado. Vamos, un lujo al alcance de muy pocos.

Y cómo no, el día de después en el que te ssientes un poco protagonista de “The Walking Dead” y “Crepúsculo” a la vez. Pero nada grave, señores. Otro año más, y las mismas y viejas costumbres.>>

 

CONSEJO DEL DÍA:

“No es más listo el que más sabe,

sino el que mejor aprovecha sus conocimientos”

(Sé que alguien dixit)

 

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