El deber llama

13 Mar

Uno siempre se dirime en batallas que a veces no le tocan ni congratulan cuando es entrenador de jóvenes. Padres, estudios, amigos y otras circunstancias individuales e intransferibles con las que se debe luchar día tras día sin perecer en el intento. No es fácil (nadie me engañó ni me dijo nada que no supiera), pero es muy relevante y bonito hacer mi trabajo.

Todo esto viene a raíz de que el otro día, hará una semana o poco más aproximadamente, yo esperaba como de costumbre a que salieran mis pupilos del vestuario tras un entrenamiento. Siempre les digo que es la mejor parte del mismo, que tras el esfuerzo, el sacrificio y en muchos casos el sufrimiento, aderezado con el dulzor y el refrescante aroma del disfrute, la libertad y al diversión, la ducha es el placer de lo trabajado, y ellos así lo entienden. Con la edad que tienen, hablarles de entrenamiento invisible es un concepto que se les escapa un poco, así que lo ideal es transformarlo en algo cercano, en algo capaz de atraerles y, sobre todo, desligarlo de la obligación.

Esperaba yo fuera, con algunos padres comentando algunos temas triviales y banales para mí, y yo diciendo que sí a todo. Lo mejor que podéis hacer, ya que más de uno piensa desacertadamente que por ver los entrenamientos de sus hijos y de los demás, pueden decirte cómo hacer las cosas y preguntarte acerca de cosas que son del vestuario, pero son gajes del oficio y no hay remedio. Uno de ellos, inconsocientemente, me preguntó si su hijo me había pagado la multa pendiente que contraía con el grupo. Le dije que no porque los capitanes no se habían traído la libreta donde se apuntan las informalidades ni la bolsa del fondo común donde ahorramos para irnos de merienda un día no muy lejano.

“Eso, eso, disciplina es lo que tienes que darles, que se enteren”.

La losa me mató, me cayó encima como un jarro de agua fría en pleno frío siberiano. ¡¿Disciplina?!

No hablamos de delincuentes, ni de adultos maduros, sino de jóvenes promesas de 10 años de edad en el mejor de los casos, que portan una ilusión irrefrenable cada dos días por hacer lo que más les gusta, que realizan un esfuerzo tras las exigencias de la educación obligatoria a la que nadie les obliga salvo ellos mismos, que sienten y sufren cuando no pueden jugar, cuando llegas tú y les explicas que algo lo están haciendo mal y ellos lo intentan y no sale bien al principio…Lo que menos necesitan es que venga yo a impartirles disciplina militar. Obviamente, me abstuve de comentario alguno pues tras esa historia hay mucho jugo.

Nadie sabe que el hecho de aceptar las multas fue algo propuesto por ellos mismos, como grupo, que refuerza su unión; nadie sabe que realmente tardan tanto en la ducha porque quieren un rato más con sus amigos tras el entrenamiento porque es el momento que tienen entre sus verdaderas obligaciones y los deberes que esperan en casa; nadie sabe que hay días muy duros para ellos y que ésa es su vía de escape. Pero el deber llama, y yo, pese a quién le pese, solamente me debo a ellos.

 

Y no pienso cambiar mi manera de verlo. Lo veo de un modo muy práctico: yo doy directrices, líneas maestras básicas para el arreglo de su conducta, para su ayuda en el aprendizaje del deporte. Para esos padres, familiares y amigos, e incluso colegas de profesión que realizan cosas similares, dejo unas recomendaciones escritas:

1. Nosotros somos un vehículo para transportar al niño del caos y el desorden inicial al juego de equipo y a la expresión máxima de su capacidad creativa.

2. Debemos ser amigos, conductores de ese vehículo, al que el niño quiera subirse para emprender un viaje  emocional y físico bonito y placentero en el deporte que más le gusta.

3. Tenemos que ser comprensivos, escuchar sus opiniones y tener en cuenta a los jugadores, ya que son los que juegan.

4. Es obligación nuestra hacerles sentir unidos, crear un ambiente de piña, de grupo, y mentalizarlos para que comprendan el carácter multidisciplinar de las enseñanzas y entiendan poco a poco la naturaleza común y compartida del fútbol.

5. Motivarles para que sigan dándolo todo día tras día, inculcándoles la cultura de que no está reñido el esfuerzo y el sacrificio con el disfrute.

Y con esto, por hoy, por necesidad de decirlo, me quedo en el blog. Y para que sigáis al tanto, mañana actualización de moda y el Jueves entrevista publicitaria a uno de los futuros grandes del mundillo.

CONSEJO DEL DÍA:

“Prefiero que me odien por lo que soy a que me admiren por lo que nunca seré”

(Kurt Cobain dixit)

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