Todos saben curar heridas

11 May

No pretendo volver a la senda de la regularidad del blog con una ristra de estúpideces (im)propias de mí, ni aburriros con vicisitudes técnicas y espartanas de por qué (Mourinho dixit) he estado un poco desaparecido. Que también sé que no me habéis echado muito de menos, pero oye, que yo a vosotros sí.

En fin, que he tratado de no hacer lo anteriormente dicho, pero creo que finalmente me ha salido un ¿monólogo? de esos que os te inflas a reír o te hinchas a llorar, de la risa, por supuesto, donde va a parar. Vamos al lío…

La vida, en sí misma, es una auténtica contradicción y una cochambrera de sufrimientos. Sin ir más lejos, el otro día me hice una herida de esas que trastocan los planes de un sábado noche: dormir. No era la típica que te raspas y ya está, no; era de esas que se te colocan en el lateral de tu muslo de pollo supuran y supuran como si hubieras bebido 200 litros de agua y encima, lo hace de una manera que parece anís, destilado y todo oigan, pero además del mono, véase de donde procede. El agua y el jabón han sido el preámbulo y primera de las soluciones que me esperan.

Total, que tras el adusto y descompuesto careto de la jefa de la casa al verlo, yo pronostico que esa noche va a ser larga y dolorosa, más que un rato sin comer, y aguanto lo posible. Pero es inevitable. Llega la hora de moverse. bueno, espectacular lo que sucedió tras meterme en la cama: sábanas que me perseguían pegadas a la herida dichosa constantemente, vueltas de una lado para otro, tanatas que parecía que cocinaba una tortilla, destaparse, pasar frío, y en un momento dado, ya en el súmmum máximo del delirio, en el único momento en el que perdí la concentración del objetivo…¡Pam! Me giro hacia el lado que no debía y reacciono tarde para comprenderlo.

Mañana siguiente. Ni cremas cicatrizantes, ni gasas protectoras, ni kilómetros de esparadrapo hacen que eso siga produciendo alcohol del rancio. Llega la noche y mismo procedimiento. Y es a partir de ese día cuando acepto mi derrota y que yo solo no podré con ella. Y yo, que estoy a la última y soy solidario, pido ayuda.

Unos me dicen que mejor al aire libre, otros que me ponga gasas con crema incorporada, lo más osados, que hay una crema en el mercado que te la cura en visto y no visto. Lo compro, lo pruebo todo, lo acuno y lo hago mecer todo. Y como buen español de pura cepa, de eso que está arraigado en la mente a fuego, pienso, “Leches, esto mejora a paso de hormiga… ¿y si pruebo a ponerme todas las cosas a la vez?”

Y oye, mano de santo. Total una vez tenido todos los mejunges, que más da el orden…Y para cuando ya era todo alegría y felicidad, me la vuelvo a abrir. toma ya, campeón. Y vuelta a empezar…y ya cuando me iba un avispado me la ve y me dice:

-Uy, eso tiene mala pinta. Limpiátela con agua y jabón, ponte mercromina, Betadine, dejátela al aire porque eso que te hace la crema no es costra natural  y por eso se te ha abierto. A mí me funciona así…

El fin de todo esto es que, señores, igual que me sucede con el trabajo, con el dinero y con el mando del aire acondicionado, yo aún sigo buscándola. La solución que em vaya bien, digo.

¡Un saludo, amigos!

 

 

CONSEJO DEL DÍA

“El futuro de las cosas está en el pasado”

(Parafraseando a Ángel Cappa)

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