Tag Archives: eventos

La fiesta de las fiestas

25 Abr

Ya terminó…

Pero en el inicio, el rugido de la tormenta de tambores acechando, el sonido atronador de las oleadas de músicos bajando el empedrado sin aire en los pulmones, el jadeo masivo de la expectación como sonido del viento y la avalancha de sensaciones agolpadas en un mismo cuerpo.

Mis ojos, dilatados, se abren de puerta en puerta para aguzar la vista, tratando de arañar el resquicio que me permita ver de donde procede el ensordecimiento que me aturulla y me pone en alerta.

Ya bajan. Ballets, animales, imposibles combinaciones de abastracción y color, olores clásicos de antaño, decorados insólitos y espectacularidad.

 

 

Ya veo. Y me emociono, recorriendo por mi cuerpo un escalofrío que eriza hasta el último de mis poros y me llena de una forma que no sabría decir, ni explicar con la inmensidad del vocabulario y la gramática. Y se acercan, me rozan, y mi voz queda en nada al lado de la belleza dulce y enigmática del sonido, del tacto imaginario y la vista asombrada.

Ya lo noto. Me dejo llevar, un día tras otro, cada vez que el acorde vuelve y vuelve en un bucle precioso de felicidad. Y hay u castillo, y olor a pólvora, y valentía ante la lluvia y serenidad ante al emoción. Y hay, y existe, y está en el ambiente el grito desahogado de un año entero de espera para recibir el aplauso de quiénes mercen ser aplaudidos por estar durante muchas horas como espectador.

Ya se enciende. El colorido homenaje, el espectacular guión, el sibilino acento a tradición y a modernidad que impregna la ciudad cuando todo el peso de la oscuridad cae en manos de los participantes del rito y de la fiesta. Rueda el líquido, la alegría, la música y la sonrisa.

 

 

Ya despierto. Parecía un sueño, pero no lo fue. Fue el día señalado en el calendario desde hace ya mucho tiempo. Y disfruté de otro mundo, de otro tiempo, en otra ciudad. Y se conjugaron las palabras y sentimeintos más hermosos en el espacio corto e intenso: la compañía, inmejorable; el soberbio interés, inigualable; la confirmación de las sospechas, infatigables; el corazón en un puño tras la marea, inexplicable; y la imprevisibilidad de los actos, acciones y tejemanejes del dios del tiempo, que otorgaron mayor épica si se puede, inimitables.

Ya terminó… y ahora si, el maravilloso espectáculo. Volveremos a vernos, con lluvia o sin ella, pero siempre con la sonrisa de mentireta en la cara.

 

CONSEJO DEL DÍA:

“El destino es el que baraja las cartas,

nosotros los que las jugamos”

(Arthur Schopenhauer dixit)