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Ir y venir

13 Feb

De nuevo nos encontramos ante otra semana (y ya van…) y hoy, primer día de ésta nueva, toca pegar palos a lo que se me ponga por delante. Son leches metafóricas, pero ya sabéis que opino que duelen igual o más que las de verdad.

En fin, que a ello vamos.

A las franquicias, que son unas mareonas del copón y unas pesadas de mil pares de narices. Te cambian las cosas de sitio cada 3 por 2, te quitan unas y ponen otras así, sin ton ni son, y no contentas con ello, no hacen lo mismo de la misma manera en un sitio que en otro. Mirad, bonitas, nos os pagamos ni asistimos a vuestros locales en busca de espectáculo (normalmente), sino en busca de la misma calidad si o si en los platos de comida, de bebida, en materiales de prendas o en lo que cojones se os ocurra, pero no en lamentaciones del estilo “no tenía que haberme pedido esto” o “me arrepiento de no haberme comprado allí esto”. Por favor, coherencia en cosas normales, que os falta, y no poca precisamente, tuercebotas maquineros.

 

– A la complicación de los colores. Yo, con 6 ó 7 colores básicos y adjetivos del rollo clarito y oscuro, me apaño. En cambio hay gente con una gama cromática más amplia que el recorrido de la muralla china a pie (y a ida y vuelta, ojo al dato). Si me parece muy bien que demostréis al mundo vuestro torrente de conocimientos sobre las tonalidad, combinaciones de miles de millones de muestras. Por favor, tened piedad de nosotros los básicos y simples,  grandes dioses y diosas:colores, gamas y demás fauna del ámbito colorístico y relleno.

A los que prometen, no cumplen y encima, se enfadan contigo. Animales de rabo largo y entrepierna corta para meterla en ella, que se llenan la boca de espuma de regocijo y buenas intenciones y palabrería absurda, para terminar no cumpliendo lo establecido y mentado y haciendo oídos sordos y negando palabras a los que una vez (o dos, tres, o incluso cuatro) confiaron en vosotros. No me caéis bien, ni me parece que seáis dignos de ser o estar en este blog, pero os lo digo claro, y más claro, el agua: pudríos en el infierno, roedores en busca del éxito sin importar cómo, cuándo y quién. Por favor, seguid así, pero alejaos de la gente que merece la pena no vaya a ser que se os pegue algo y queráis dejar de ser ratas de alcantarilla. Y eso que ellas, las ratas, seguro que tienen más dignidad que vosotros, pendejos.

A las cosas que ponen que saben/huelen a algo y luego ni se le parece. Decidme a quién no le ha pasado que va, ve una cosa que le mola, un alimento con sabor, un champú con olor a y luego, ni de coña, Begoña. Es una de las decepciones de la vida, que le vamos a hacer. Pero fastidia, bastante de hecho, y jode, más si cabe que la decepción, que te llene de ansia e ilusión y later, na’ de na’. Por favor, sinceridad al canto y ante todo, que el consumidor es lo primero y lo tenéis que fidelizar para bien, no conseguir que os haga trolleo para mal. The power es nuestro, now.

 

CONSEJO DEL DÍA:

“Dos son muchos; tres, multitud”

(Populacho dixit)